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viernes, 26 de junio de 2009

Ryan Gosling (El mundo de Leland)

"Entonces comprendí que las lágrimas no podían hacer que alguien que había muerto volviera a vivir. También aprendí otra cosa sobre las lágrimas; con ellas no puedes hacer que alguien que ya no te quiere vuelva a quererte".

miércoles, 10 de junio de 2009

Sí, supongo que si.
Supongo que éramos amigas y que nos queríamos como tal, pero ¿ahora? ¿que pasa ahora?

Somos unas auténticas desconocidas.Odio que no sepas pedir perdón, ni asumir las consecuencias de actos que has hecho. Nos has demostrado que no te importamos tanto como nosotras pensábamos, que no somos una pieza fundamental para ti, y que a lo mejor no nos necesitas tanto como decías.Todo esto me duele, me duele mirar las fotos, y pensar que quizás esto nunca se vuelva a repetir. Me da pena, me da pena que por el orgullo, por el maldito orgullo, ni nos saludemos. Pero tampoco voy a pensar en el pasado, las amistades vienen y van, y las que de verdad permanecen son las verdaderas. Así que he decidido no pensar en ti, ni pensar que si hubiésemos hecho las cosas de otra manera, las cosas no habrían acabado así. Tampoco quiero pensar que te echo de menos...ya que tú no te has molestado en pensar ni un minuto en nosotras. Y aun que me duela, las cosas son así.

Y esto no es un reproche de cosas malas hacia ti, ni mucho menos, ni tampoco una despedida.
Simplemente espero poder olvidarte, como tú lo has hecho con nosotras.

viernes, 5 de junio de 2009


-¿Se puede echar de menos algo que todavía no conoces? ¿Debería hacer lo de siempre, mostrarme indiferente, distante?

-Por favor, no me seas indiferente ni distante. Como tú mismo dices, eso es lo de siempre. Y no sé si cada vez que lo has practicado te ha dado el fruto esperado…Yo te confieso que eso de la indiferencia no sé hacerlo bien. Enseguida me descubro. Soy activa, no pasiva. Me entusiasma la vida y no puedo permanecer indiferente. Como táctica, claro, es una opción que se lleva mucho. Pero me parece insana, cuando no idiota. Y muchas veces lo que oculta es, cada vez más, un miedo tremendo a mostrarse, a quedarse en calzoncillos emocionales.Dichosa imagen…Somos esclavos de ella, y total, ¿para qué? ¿Qué obtenemos a cambio? Relaciones banales, falsedad, manipulación. ¿Y todo lo que nos perdemos? Naturalidad, mostrar nuestras necesidades y nuestros deseos sin miedo a ser juzgados. Resulta que somos humanos y nos da por necesitar y desear. Y parece que aspiramos a aniquilar estos verbos. El día que no necesitemos ni deseemos nada conseguiremos la total independencia individual, y ese día será también el más triste de la humanidad. Sin roce, sin besos, sin miradas, sin intercambio verbal…La felicidad, en mi opinión, reside en disfrutar de los dones de la vida: paisajes, néctares, emoción…Pero su más alto estadio es el disfrute en compañía. Y eso tú lo sabes: no es lo mismo comerte una buena nécora, ( es un ejemplo) a solas en una mesa que estar con otra persona percibiendo semejantes sensaciones al unísono.La felicidad es la vibración de placer compartida con el otro.Yo necesito. Yo deseo. Lo confieso. Ni puedo ni quiero evitarlo.Mi experiencia es que justo cuando alguien te enseña los calzoncillos emocionales es cuando más tierno, más encantador, más auténtico se muestra. El miedo al ridículo es una forma de cortarnos las alas. Recuérdalo, por favor.
-Lola Beccaria-El arte de perder.

jueves, 4 de junio de 2009

Tengo envidia.

Envidia de las mejores amigas. De las mejores amigas desde pequeñas y que siguen juntas.
De esas amigas que las veo por la calle sacándose mil fotos, sentadas en un banco tomando pipas o juntas en los probadores.

Siento envidia, pero envidia de la sana.

Esa envidia, que cuando veo a esas mejores amigas, me entra tristeza y a la vez me sale una pequeña sonrisa.

Y pienso en ti.

miércoles, 3 de junio de 2009

No quería que esto se convirtiese en una especie de metroflog. Pero hoy veo la necesidad de escribiros algo.
Sois dos de las personas, ahora mismo más importantes en mi vida, dos piezas fundamentales que en ocasiones no sabría que hacer sin vosotras.
Me da miedo el año que viene, me da miedo que os vayáis y quedarme sola. Se que es una tontería, pero me da pena. Me pone triste pensar que nos os voy a ver todos los días, que los domingos ya no serán los mismos sin las tardes pizza en casa de Leti.
Las tardes de estudio, los días de baile, los descansos del aulario…

Se que no llevamos toda la vida juntas, pero en este tiempo os habéis convertido en unas amigas de verdad. Habéis estado ahí cuando más lo he necesitado. Para lo bueno, lo malo y lo peor…
Hemos cometido errores, pero también hemos aprendido juntas de ellos.

Solo quería recordaros que os quiero, os quiero mucho.
Y daros las gracias una vez más.